La hembra negra y yo hemos ido de excursión con los alfas.
Estuvimos mucho tiempo en el lugar pequeño que se mueve y hace ruido y, cuando por fin salimos, estábamos en un nuevo lugar.
Dimos un paseo corto que me sirvió para aliviar mi repleta vejiga, y llegamos a un espacio nuevo llego de personas y semejantes que se movían continuamente. Era una cacofonía de sonido y un caos de olores y formas, mucho sitio para investigar pero los alfas no nos dejaron; aunque también es verdad que mi nivel de curiosidad ha bajado mucho con el tiempo, ya carezco del ímpetuo juvenil de la hembra negra.
Estuvimos con personas conocidas y desconocidas, había algunas hembras humanas cuyo olor me era muy familiar y que me trajo recuerdos de visitas a genteverde, también había hembras y machos humanos que me acariciaban aunque no los conocía de nada, todos fueron muy amables conmigo.
En un momento dado hubo un olor que me trajo recuerdos ya casi olvidados, ¡era tocacuellos! no volvía a encontrarme con el desde el inicio de mi nueva vida, lo conocí enseguida y él a mí, fue un breve reencuentro; afortunadamente mi raza no se caracteriza por su sentimentalismo, para eso están los humanos.
Los alfas no se movieron de nuestro lado en todo el día, incluso fuimos los cuatro a dar otro corto paseo, el lugar estaba lleno de semejante amarrados a paredes, algunos estaban tristes, otros resignados, otros no sabían de qué iba todo aquello. Yo la verdad es que tampoco lo sabía, pero ir al lado de los alfas me es suficiente garantía de que todo está como debe estar. Aquellos semejantes estaban perdidos, no tenían referencias.
Cuando llegó la hora de comer los humanos, mucha gente nos dió de comer a la hembra negra y a mi, los alfas parecían no estar muy contentos con que nos dieran de comer, pero luego sonrieron y lo dejaron estar; comí todo lo que quise, y mucha comida rica de los humanos.
Lo que tengo siempre es sed, bebo y bebo y nunca me sacio, luego tengo que orinar donde puedo, afortunadamente los alfas estaban cerca y me llevaban a la hierba, donde podía descargar.
Luego llegaron dos pequeños cachorros, no les hice mucho caso, pero los alfas estuvieron mirándolos mucho rato. La cachorra hembra no parecía estar nada bien, el macho estaba más vivo, otro-alfa se fue con ellos y cuando volvió ambos parecían estar mejor. No me preocupé, no era mi problema, los cachorros son siempre problemáticos. Luego se fueron con otros humanos.
Cuando la luz bajó y comenzó a hacer frío, los alfas nos llevaron otra vez a dar un paseo, estuvimos parados un rato viendo a otros semejantes correr y saltar (no se por qué lo hacían, pero a los humanos parecía divertirles porque daban voces y chocaban las manos), los semejantes también parecían contentos, estaban jugando, la hembra negra se excitó mucho y también quería jugar, pero los alfas no la dejaron.
A la vuelta del paseo, y aunque no estaba en hierba, tuve que volver a descargar mi pobre vejiga; los alfas no me regañaron, ellos saben que no aguanto mucho.
Luego volvimos al lugar que hace ruido y cuando abrieron estaba otra vez en MiLugar, con la manada. Esoy agotada y necesito descansar, mis pobres huesos son los de una vieja y ya no estoy para estos trotes.
Pero me gusta ir de excursión con los alfas.
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